Hay gente que piensa que los intermediarios son innecesarios, muchos en temas económicos (sobre todo en comercio), otros en temas políticos (sobre todo a la hora de elegir traje) y otros en general. Pero no nos damos cuenta de lo útiles e importantes que son, sobre todo cuando hacen el trabajo más difícil: romper el hielo.
Imaginaros el típico momento de pub o discoteca en el que miras a una tía/tío y dices: “tengo que ir a por ella/él, es el amor de mi vida…”, ya sabéis, gilipolleces de esas… Bueno, entonces llegas tú, te acercas y te sueltas a hablar. Lo más inteligente que se te ocurre decirle, y normalmente lo primero, después del “hola, ¿qué tal?” es “¿vienes mucho por aquí?” o pones sonrisa de bobalicón y dices cosas como “está bien la música, eh!”, “qué te parece el sitio?”, “ron con coca cola? Buah, yo bebo lo mismo”… pues eso, en resumidas cuentas, te quedas en blanco y dices cosas que, si no fuera por el alcohol que lleváis ambos en vena, te supondrían una buena colleja. Aquí llega el punto, puede ser que a la persona le gustes e ignore tu falta de conversación, eso suele ocurrir entre las 2 de la mañana y la hora del desayuno, pero claro, es una posibilidad. Pero eso sí, vas a perder mucho tiempo entre la típica cosa del: “entro?”, “no entro?”, “joder tío, no sé qué hacer”, “me está mirando, no?”… Y ese tiempo puede suponer que se te adelanten, así que si tienes dudas, especialmente dudas bastante importantes sobre la otra persona (pocos entenderán esta última frase pero va dirigido para el que la pueda entender), ¡qué mejor que alguien te haga ese trabajo!
Y aquí es donde entra el gran invento de los intermediarios. Pongamos la siguiente situación, tenemos un amigo/a que se ha “enamorado de repente” y ves al grupo de tías o tíos que cubren a la otra persona. Ahí es donde entras tú, en este caso: intermediario. Tu deber es informarte de si la otra persona se ha fijado en tu amigo o si lo haría si se lo propusieran. Bien, tu podrías directamente atacar a la otra persona, pero eso es un poco feo, ¿dónde se ha visto que un intermediario trabaje de más? Aquí hay que subcontratar, y, para ello, lo que tienes que hacer es dirigirte a otra amiga del grupo que tenga pinta de hacer las veces de intermediaria (créeme, cuando te fijes en el grupo, tu intuición te dirá cuál es la más óptima). En ese momento empieza lo que desde la Edad Media se ha ido practicando y es la negociación de la dote, tu tienes que vender a tu amigo y ella tiene que querer comprarlo para su amiga, piensa en ello como en una especie de matrimonio de conveniencia.
Si cuela, que, dependiendo del amigo, es más o menos probable, entonces ambos intermediarios os dirigís hacia vuestros respectivos clientes (perdón, amigos), y les vais acercando poco a poco hasta el momento de presentarles. Con esto, ambos han sido presentados, tienen la falsa ilusión de que se gustan mutuamente y buenas expectativas (ninguno ha abierto la boca todavía, así que aún hay esperanzas) y puede que se diviertan. Si ambos amigos desaparecen durante una hora y vuelven a aparecer muy contentos, puedes dar por satisfecha la transacción.
Bien, pues pensad en ello en cualquier escala, pensad el trabajo y las molestias que os ahorran los intermediarios y, sobre todo, pensad que si no sale bien, la culpa no es tuya, tu has hecho lo que has podido, es del cliente por no llevar hasta el final un trato redondo. Ah! y sobre todo, si tu amigo tiene 0% de probabilidad de conseguir nada, lo sabrá casi de forma inmediata y podrá optar por otra transacción.
Y no lo olvidéis, si un amigo os ha hecho de intermediario, no hay que ser cabrón, sed intermediarios también, es siempre una buena práctica y así es como se pueden empezar a unir grupos de amigos
Impresionanteeeee!!! Qué dominio del comportamiento humano… el truquillo del almendruquillo. Dejo una pregunta al aire… ¿De verdad preferirías que alguien ligara contigo a través de otra persona o prefieres que sea la persona interesada en ti la que se acerque y rompa el hielo? No sé yo…
Mamma mia! Pero…emm… ¡lo tuyo es un estudio etnográfico sobre cinegética amorosa! De todas maneras, recomiento “El Arte de Amar” de Ovidio a la sazón del tema, mejor que el ron con coca-cola y la beodez. Así, para dar el primer paso, queda mejor: es un índice de calidad.
Por cierto, convengo en la importancia de los intermediarios como herramienta perversa: ¡pensad en que si ese intermediario es un mando intermedio o, mejor, ¡un becario!, las responsabiliades se diluyen en la nada… Pero sí, sin guasa, un buen intermediario, ayuda a muchas cosas.